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lunes, 21 de julio de 2014

5. Pan partido, vida compartida



Pane spezzato, vita condivisa

Traduco dopo due anni questo blog del quale mi sono ricordato oggi, festa di Corpus Domini.  Scendono dal bus un gruppo di rifugiati siriani. Il mediatore culturale che li accompagna ci presenta.  Mi introduce a Abdurahman di 50 anni e che parla un buon inglese.  Contemplo il suo volto e mi sembra di vedere Gesù: uomo forte, barba, la pele brucciata dal sole, sguardo profondo. Gli acompagno a “Betel”, la casa che abbiamo preparato per accoglierli e gli offro qualcosa da mangiare.  Volevano andare a riposare, ma vedendo il cibo spalancano gli occhi e accetano.
Ci sediamo tutti a torno alla tavola, apro alcuni scatolami di tonno su un piatto.  Gli do del pane e inizianno a spezzarlo, e lo utilizzano come “cucchiaio” per mangiare il tonno.  “è da quattro giorni che non mangiamo” spiega il papà.  Uno dei figli, vedendo che io non avevo presso cibo, guarda il suo pane, e senza pensarlo due volte lo spezza e mi offre la metà.  Sono rimasto senza parole davanti a questo giovani che con grande  generosità ha condiviso il primo cibo che aveva visto da quattro giorni.  Abdurahman vedendo la scena disse: ““like Jesus, who broke the bread” (come Gesù che spezzò il pane con i discepoli). 
In quel momento si aprirono i miei occhi come ai discepoli di Emmaus (Lc 24, 13-35), ricordo ancora molto bene la sensazione, di sentirmi in mezzo alla Frazione del pane, quel cibo condiviso, quel pane e quel pesce (tonno) condiviso erano un “sacramento”, segno visibile della verità che tutti siamo figli dello stesso Padre che ci ama e alimenta.  Ma la cosa che magari più ti sorprenderà e sapere che queste sette persone sono… musulmani..sì, musulmani.  Questo incontro mi ha aiutato a superare dei pregiudizi che avevo e a cogliere
Oggi, passati due anni di questo incontro e leggendo il Vangelo della moltiplicazione dei pani e dei pesci ho rivissuto nel mio cuore questo incontro meraviglioso che ho desiderato condividere anche con te. 

Gesù si dona come pane per essere condiviso. Non chiudiamo i nostri cuori alla condivisione 



Pan partido, vida compartida

El 31 de mayo 2014 llegaron más de 3,000 migrantes a Lampedusa y Pozzallo, islas al sur de Sicilia, Italia*.  Nos llega la llamada de la Prefectura: ¿pueden acoger a algunos?  Llegarán a la media noche.  Luego de la primera atención que reciben en el lugar de llegada, inmediatamente  empiezan a ser distribuidos en las diversas provincias de Italia.  Un avión militar los lleva hasta el aeropuerto de Verona.  De allí toman un bus que les van dejando en diversos centros de acogida.  Finalmente llegan a las 4:00am. Son siete sirianos, incluyendo una pareja joven y algunos son bastante jovencitos.  El pueblo de Siria se encuentra devastado por meses de guerra por el control del país.  Muchos cristianos son perseguidos**. 


Empiezan a bajar del bus; inmediatamente percibo como los rasgos sirianos son diversos a los de los hermanos eritreos que habíamos acogido.  El mediador cultural nos los presenta y nos indica al mayor de ellos, Abdurahman de 50 años, que habla un buen inglés.  Contemplando su rostro me parece mirar los rasgos de Jesús: hombre fuerte y trabajador, barba, tez quemada por el sol, mirada profunda.  Les acompaño a Betel, la casa donde los acogemos y le ofrezco algo de comer.  Responden que no, porque están agotados y prefieren ir a descansar.  Al mostrarle la comida se animan.  
Nos sentamos todos en la mesa, abrimos unas latas de atún sobre un plato.  Les doy el pan y empiezan a partirlo y a usarlo como “cuchara” para comer el atún.  Me dicen que hace 4 días que no comen. Abdurahman me ofrece pan.  Le hice señas de que no deseaba: en verdad, yo tenía mucho sueño y estaba loco por ir a dormir.  Uno de sus hijos, el que estaba a mi izquierda, partió su pan en dos y extendió su mano para ofrecérmelo.  Yo acogí su gesto generoso, maravillado por el desprendimiento de este joven que es capaz de compartir la primera comida que veía luego de cuatro días.  Abdurahman nos dice: “like Jesus, who broke the bread” (cómo Jesús que partió el pan). 
 Enese momento se me abrieron los ojos como a los discípulos de Emaús, (Lucas 24,13-35) sentía que estábamos viviendo la Fracción del Pan, esa comida era un “sacramento”, signo visible de la verdad de que todos somos hijos de un Padre que nos ama y alimenta.  Tal vez a este punto todos se sorprendan al saber que estos 7 hermanos son... musulmanes...  sí, musulmanes.  Son estos encuentros personales que nos ayudan a romper los prejuicios que nos construimos y nos permiten comprender que las acciones de un grupo no se pueden atribuir a todo un pueblo o a una religión.  En nuestro mundo tan dividido por los prejuicios ante la diversidad, recemos por la paz en Siria, en Israel y Palestina y en el mundo entero.  Oremos y trabajemos para que un día podamos sentarnos todos juntos a la mesa para partir el pan y compartir la vida.


Un gesto concreto que podemos hacer para comenzar este cambio es invitar a alguien que piensa diverso a mí, no sólo para darle de comer sino para conocernos mutuamente.  Compartamos el pan, compartamos la vida...sembremos diálogo, cosecharemos paz. Invito a mis hermanos sacerdotes a celebrar una misa por la reconciliación según aparece en el Misal.