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domingo, 10 de agosto de 2014

8. "El Tesoro"



Hace unas semanas el Evangelio del domingo (Mateo13, 44-52) decía que el Reino de los cielos se parece a un tesoro...  y pensando en este tesoro comparto lo que sucedió a los pocos días de que se fueron nuestros siete hermanos sirios.  Como las otras veces, en un bus, en altas horas de la noche llegaron otros hermanos que habían llegado a las costas de Italia buscando una vida mejor.  Esta vez eran siete mujeres jóvenes de Eritrea.

El día después se escaparon todas.  A las pocas horas hemos encontrado cinco de ellas que nos explicaban que habían huído porque desean ir a otro país de Europa y tienen miedo a que le tomen las huellas digitales aquí porque saben que eso haría mucho más difícil su partida.  Dos días después nos llaman para decir que han visto a dos jóvenes durmiendo en un parque del pueblo vecino: Porto Viro.  Briseida, junto a una de las jóvenes de Eritrea van a buscarlas.  Al llegar a la Comunidad contemplamos sus rostros, sus ojos grandes y rojos muestran su agotamiento luego de la inmensa travesía, pero también de estos dos días: durmiendo en la calle sin comer casi nada, llena de picadas de mosquitos.  Le pregunto a la más joven: “Are you okay?” (Estás bien?). “I’m tired” (Estoy cansada)- me responde.  No tiene nada consigo, sólo tiene un libro en sus manos.  Me acerco para ver qué era y me doy cuenta que era el Corán.
  
En su viaje no ha traído nada más consigo, sólo su libro sagrado.  Lo aprieta entre sus manos como quien custodia un gran tesoro.  Como aquello de gran valor que ha elegido traer consigo en esta odisea y salvar en lugar de tantas otras cosas.   O tal vez, casi como agarrándose con todas sus fuerzas a un salvavida, como si fuese el Corán, como si fuese Dios mismo que la ha acompañado y salvado en su viaje. 

Y me he preguntado: ¿Cuál es mi tesoro? ¿Qué es lo más importante en vida?, no sólo de palabras, sino en verdad, si tuviera que hacer un viaje como hizo ella, ¿que llevaría conmigo?  Imagino la odisea que ha vivido esta joven, todo el viaje sin perder su tesoro.  Me la imagino saliendo de Eritrea, cruzando Sudán con el miedo de ser detenida y violadapero abrazando el Corán; llegar a Libia con su tesoro en mano, intentando sobrevivir la violencia, hasta llegar a Tripoli (3,300km desde la frontera de Eritrea); en la playa esperando el barco, apretando..., luego en el mar, con el barco lleno de gente, con el miedo de hundirse. (Este video de la Marina Militar Italiana de octubre de 2013 muestra el rescate de migrantes luego que su “bote” se hundió mientras se dirigía hacia Italia. Lamentablemente más de 300 personas fallecieron.)
Me imagino su alegría al sobrevivir el viaje y llegar hasta la pequeña isla de  Lampedusa. Luego es llevada en un avión militar hasta Verona, llega en bus hasta Villaregia, escapa...., sin olvidar su tesoro, dormir 2 días en un parque, volver a Villaregia, abrazando su tesoro,... y continuar así su viaje.  Todo esto sin haber perdido su tesoro, o tal vez...., todo esto lo ha podido hacer... porque tenía su tesoro.

Gracias Señor porque con el ejemplo de esta joven me invitas a buscar, custodiar y amar cada día de mi vida el tesoro que eres Tú.